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LA DIETA (carta apócrifa de Tomé Cecial a su compadre Sancho Panza)

   Querido compadre: Notado he esta carta al Bachiller, para comunicaros que en mala hora le dijisteis a vuesa mujer y comadre mía, Doña Teresa, que la dieta puesta a vos por el Doctor Recio, fortalecía la salud y avivaba el ingenio.

  Digo yo pues agora, que medio pueblo sigue esa dieta y tienen a nos, los hombres a tajadicas subtiles de carne de membrillo, canutillos de suplicaciones y unos pocos tragos de agua fría. No pido yo comer diariamente olla podrida, ni fricolines de Milán o faisanes de Roma. Me conformo con tocino en adunia o un salpicón de vaca de vez en cuando, que voy, ¡Voto a Rus! querido Sancho, buscando por el campo piruétanos y tagarninas con las que calmar el hambre.

  Os suplico a vuesa merced comuniquéis a Doña Teresa, que haga lo posible para que nos cambien tamaña dieta, que maguer saludable, nos lleva hacia la muerte adminicula. Sin más trabacuentas. Deste lugar.

Su compadre que le aprecia Tomé Cecial

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EL REBELDE CONSUETUDINARIO

  Don Segismundo Cotofre se despertó ese día rebelde: se puso el calcetín del pié izquierdo en el derecho y el del derecho en su pié izquierdo. 
  Durante todo el Consejo de Ministros y a pesar de la trascendencia de los asuntos tratados, Don Segismundo lució una leve y picara sonrisa.

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JAMÓN DE HOMBRE



   Entré en la cocina y me encontré con la agradable sorpresa de que mi mujer había comprado un jamón. Fui directamente por el cuchillo. Una vez que le hube dado un buen afilado con la chaira y estando sirviéndome unas cuantas lonchas del preciado manjar, me di cuenta de que el jamón no estaba hecho con la pata de un cerdo, sino con la pierna de un hombre. 
Por alguna razón no me preocupo demasiado, seguí cortando y comiendo. Después de cortar dos o tres lonchas, me fijé en que la pierna continuaba, que estaba el hombre entero, pero el jamón estaba tan bueno que seguí cortando y comiendo. 
 Tras algunas lonchas mas y una vez satisfecha mi gula inicial, me dio por tomarle el pulso en la carótida y... ¡vaya por dios!, el hombre estaba vivo; no le di mucha importancia, seguí cortando y comiendo.

   

   Jamón es jamón.

LA BARBERÍA

 

  Hoticiano era barbero.  Siempre había sido este el negocio de la familia. Barbero fue su padre, barbero fue su abuelo y su bisabuelo y a él, como era lógico en aquella época, le tocó seguir la tradición. A Hoticiano no le gustaba mucho ese trabajo heredado de cortar el pelo y rasurarle las barbas a la gente, ni siquiera era demasiado bueno en su oficio; de vez en cuando el cliente se iba con un trasquilón o un pequeño corte de navaja cauterizado con la piedra de alumbre y oliendo intensamente a Varón Dandy. Aun así Hoticiano tenía una clientela fiel. Su secreto era que, a diferencia de otros barberos que hablaban y hablaban sin parar, chismosos y sabihondos, que  pasaban del futbol a los toros y de estos a la política o a los sucesos, Hoticiano callaba. Hoticiano era oidor por naturaleza, o por lo menos tenía la habilidad de parecerlo.

  Su técnica era simple, fingía atender con sumo interés, (mirando incluso al interfecto a los ojos),  a la disertación inconsistente del cliente mientras mecánicamente y cada cierto tiempo iba repitiendo expresiones como ¿Si?,   ¡No me diga!,  ¡Claro! o ¡Tiene usted toda la razón!

  Mientras tanto,  Hoticiano viajaba con su poderosa imaginación a lugares lejanos, seducía imaginariamente también a alguna hermosa moza o cantaba para sus adentros la última cancioncilla pegadiza escuchada en la vieja radio esa misma mañana. Otras veces meditaba la solución a algún problema doméstico o visualizaba de nuevo y de cabo a rabo alguna película de “combois” a las que era un gran aficionado.

  La satisfacción de los clientes estaba garantizada: salía tan mal pelados  como reconfortados psicológicamente. Lo que si hacía de forma común con los demás barberos era que el cliente le decía como quería que lo pelase y luego él los pelaba como le venía en gana.

   Ni que decir tiene que Hoticiano, gracias a su sutil habilidad, estaba felizmente casado.

DIOSES ENCADENADOS

Lo hizo nacer con el cordón umbilical enrollado a su cuello, más que nada por ser un poco original. Luego hizo que sus padres fueran superprotectores e hicieran de él un insoportable niño mimado. Lo dejó huérfano de padre a los dieciséis y posteriormente convirtió a su madre en alcohólica. Lo obligó a estudiar una carrera que no le gustaba. Lo casó con una pija a los treinta y le hizo tener tres hijos, (uno de ellos no era suyo). Lo divorció traumáticamente seis años después. Lo tuvo dando tumbos de trabajo en trabajo y de despido en despido muchos años con una vida insulsa. Entonces se aburrió. Vio que no tenía tanta imaginación como los demás compañeros que jugaban con él a ese videojuego, así que lo mató de un infarto fulminante antes de cumplir los cuarenta. 
Él mismo murió de un accidente de aviación dos días después: el jugador que lo creó, también se aburrió.

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